La escucha como metodología

Mi reciente investigación artística se ha centrado en el tema de la escucha, la escucha como práctica estética y también política. He elegido indagar en esta práctica porque, alejada de la imagen visual, nos coloca en otros modos de percepción sensorial y puede fácilmente transportarnos a otro sitio, ha sido, en mi experiencia, una forma muy potente de estar en el presente contemporáneo. Entendiendo el presente contemporáneo como aquel que está aquí y está allá al mismo tiempo, el multidimensional, el presente diferido.

Según Byung-Chun Han, escuchar significa algo totalmente distinto que intercambiar información. Sin vecindad, sin escucha, no se configura ninguna comunidad. La comunidad es el conjunto de oyentes. En la comunidad del «me gusta» uno solo se encuentra a sí mismo y a quienes son como él. Ahí tampoco resulta posible ningún discurso. El espacio político es un espacio en el que yo me encuentro con otros, hablo con otros y los escucho. ¿Es el espacio del arte un espacio de escucha? ¿Debería serlo?

La escucha tiene, por supuesto, una dimensión política. Es un proceso que será siempre activo, no pasivo. Un actuar que implica (y se implica) en los otros, esto significa que rompe a su vez con una privatización del sufrimiento, una estrategia que pasa por alto que el sufrimiento al ser alejado de su socialización, aumenta en escala y gravedad.

Por último la dimensión del tiempo es esencial en la investigación de este proyecto, ya que parte de las características esenciales de la persona que escucha es su entrega y disposición a un tiempo para escuchar, que denominamos “el tiempo del otro”. En el tiempo del otro todo acontece, acontece el vaciamiento de quien escucha y a la vez, el hablante se encuentra en esa caja de resonancia. La escucha propone un nuevo espacio para estar, y ese espacio se conforma como resistencia al distanciamiento que hoy en día vivimos, como seres humanos en pandemia y también como Venezolanos fuera de nuestras fronteras.

Diana Rangel