Entre el lugar y el lazo: una voz.

Por Margareth Acevedo.

“La morada de los ruidos y sonidos delimita en el espacio una delgada película circular celeste, cuyo espesor es inferior a la centésima parte del radio de la tierra. El conjunto de sonidos propios de los vientos, volcanes, océanos y la vida que surgió en las tierras que emergieron de las aguas es de una diversidad tal que impuso un canto específico a todos los oyentes del mundo. La morada de las voces animales en el mundo es delgada. La morada de las lenguas humanas en el mundo es minúscula”

Pascal Quignard. El odio a la música

El sitio, tiene una relación con el lugar. Pero no es lo mismo. Los sitios están deshabitados de deseos propios, son sustituibles, comparables. Los lugares poseen otra dimensión. Para el que emigra, para aquel que parte de su hogar, desarrolla cierta relación singular con el sitio de llegada. Es una relación de desconcierto, quizás más próxima al desconocimiento.

Es un lugar sin memoria, aún. ¿Cómo construimos nuestros relatos de la infancia, nuestros enamoramientos en los parques, nuestros bullicios y bailes en las reuniones familiares, o nuestros cafés con amigos? Tejemos historias en aquellos espacios que habitamos. Son memorias libidinales. Ahora, frente a un lugar desprovisto de recuerdos, donde llegamos ligeros de equipaje, ¿Qué contamos, y a quién?

En este proyecto denominado “voces en tránsito”, se planteó una propuesta: recorrer un camino sobre la letra de la inicial del nombre propio dibujada sobre un mapa. No solo caminar por las vueltas y las rectas de aquella letra, sino también describir ese recorrido: contar lo que resuena de ese paseo, lo que surge del cuerpo que transita esas calles . ¿Qué surge mientras andamos? Olores, sonidos, imágenes, recuerdos, pensamientos, afectos.

Un modo de erotizar la calle extraña y ajena. Hacerla más cercana, más próxima. Los graffitis, -arte visual callejero- quizás forman parte de este principio. Un modo en que ciertos individuos producen sus propias marcas en los espacios públicos. Un espacio ex-timo se inventa. Al dejar descubierta una marca singular y propia, expuesta al público que transita por la vía pública, se apropia un poco de los lugares. Podríamos pensarlo como aquel amante que traza sobre la piel de su amado, los rastros de su presencia. Dejar un signo que se anduvo por allí.

Entonces ¿En qué consiste esto de apropiarnos de los lugares, de hacerlos parte de nuestra propia historia? . Quizás este ejercicio es un modo de aproximarnos, de contar con nuestra voz, lo que se recorre de nosotros en ese andar. Hacer de nuestra letra una ruta de memorias y deseos. Se trataría entonces de trazar un lazo con los lugares, un lazo singular hecho de fragmentos de la voz: un mapa sonoro. Hacer de un sitio, un buen lugar. Pero para esto, necesitamos un lazo que nos vincule con la vida. Alguien a quien contar.

Margareth Acevedo

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