Los sonidos de la maternidad

Por Leisa Zambrano

Podemos sospechar cuando avistamos lo que viene después de un parto, llega un bebé haciéndose sentir, en todo su esplendor, usando sus pulmones por primera vez y asomando un llanto que nos habla de la pérdida del confort que tenían, y así empieza una nueva forma de concebir los sonidos. Dicen que las embarazadas tienen súper olfato para no envenenarse, yo diría que las madres pueden desarrollar un súper oído, después del nacimiento podemos escuchar a largas distancias el llanto del bebé, incluso cuando otros dicen no percibir nada, y este súper oído, se hace sensible, reconoce el tono del llanto del bebé y luego el del niño.

Así pasamos a una etapa diferente, donde los sonidos son constantes, a veces abrumadores, una casa que rara vez sonaba, ahora es casi un musical, los juguetes chillones, los llantos por caídas, y más gratamente las risas a montones, si cerramos los ojos podemos imaginarnos como este torbellino de sonidos nos invade, ¿alguna vez han estado en una casa con niños? Si es así sabrán de qué hablo.

En los encuentros de voces en tránsito pude encontrar un espacio diferente que me llevó a experimentar con los sonidos de mi ambiente, lo primero fue caminar, mientras paseaba en coche a mi hija escuchaba atentamente lo que sucedía a mi alrededor, pensaba en estar alerta pero a la vez disfrutar del canto de los pájaros en los árboles, de los carros recorriendo la ciudad y los trabajadores en su jornada laboral, particularmente arreglando cables de luz, sin darme cuenta mi hija se convertiría en compañera de esta experiencia, con ella decidí intervenir un espacio del parque al que siempre vamos.

Tomamos borlas de colores y las pegamos a un estambre, llegamos al lugar y con picardía las atamos a un lugar donde comúnmente se sientan a descansar las personas, pero no estaba completa esa obra sin incluirla a ella, no tuve que pedirle que posara para la foto, simplemente en cuanto terminamos la intervención por sí sola decidió sentarse debajo de las borlas de colores, y allí capturé el momento, después me percaté de que ella le daba vida a lo que habíamos colocado, y que otros después apreciarían.

Ese mismo día recibimos mensajes de los compañeros de esta experiencia, pero hubo dos que llamaron poderosamente mi atención, el primero de Kelly, quien narraba una experiencia cotidiana, ella pasa tiempo en la cocina y con su bebé, podía escuchar su reloj, y ver su experiencia con el tiempo, narraba “aprendí que una hora no es tanto tiempo con el horno encendido, que quince minutos a veces son infinititos y a veces alcanzan para mucho” también su bebé que corría tras el teléfono porque ella corría tras ese sonido, un espejo que la hizo reflexionar, y finalmente ver como la migración al principio nos hace extrañar los sonidos cotidianos, y los buscamos, los deseamos, ella comentaba como migró a la maternidad y eso cambió su sentido del tiempo, nada puede apurar, solo esperar, y así me he sentido yo también tantas veces, mi vida antes era todo correr, pero la maternidad, llegó a darme una pausa, ya no se camina igual cuando a tu lado caminan dos piecitos más.

Otra experiencia que me hizo reflexionar fue la de Gladys, madre, abuela, una migrante que volvió a nuestra tierra natal para seguir acompañando a su familia, sus nietos, alegres hicieron una obra sobre lo que está de moda estos días, el coronavirus, y ella se aventuró a grabar estos sonidos, al escucharlos siento que me sonríen, les puedo imaginar felices contando por qué deben quedarse en casa, les escucho y puedo percibir la creatividad, la astucia, la picardía, les imagino sobre ella, siendo felices de tener a su abuela a su lado, y de tener mérito en contar la historia.

Gladys nos da detalles, están en el patio de su casa, un lugar íntimo, a veces se superponen sus voces, relatan las medidas de seguridad, eso es algo que he escuchado muchas veces, pero nada tiene que ver lo que he escuchado con este relato, dicen “nuestro patio no tiene techo y por ahí puede entrar covid 19” que linda inocencia, “el covid es muy pequeñito”, hablan de que no pueden ir al colegio porque hay covid, y se pueden enfermar, que sus padres no les pueden cuidar porque están en el trabajo, pero todo se vuelve un show, relatan la realidad más dura con las palabras más simples y sin un quebrantar de voz, más bien emocionados de poder trasmitir su mensaje.

Pasó el tiempo y ahora esos pequeños van por sí solos, como si hubiéramos metido el pan al horno y cuando lo vemos creció, son grandes, nos traen ocurrencias y alegría, hablan de enfermedades, de cuidarse, de cómo hacer ante la vida, y vemos que las palabras que eran nuestras ahora están en su boca, que aquello que nos parecía asunto de adultos también es de niños, y a través de sus palabras, de su tono de voz, de la dulzura que nos transmiten nos enteramos que han crecido, que nuestra voz se convirtió en suya.

Así vemos que migrar nos hace re significar los sonidos, el lugar, los tiempos. Pero no solo el migrar a un país diferente, a una tierra distinta, sino también el migrar a la maternidad, a ser abuela, a compartir los sonidos y silencios con estos pequeños seres, a muchos roles nuevos, a maternar.

Leave a Comment

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s