Psicogeografía…

Llegué a la psicogeografía por incluir el andar en mi práctica artística. Primero por la necesidad de “conectar desconectando”, decidiendo caminar toda la segunda avenida de Manhattan y recibir las señales del ambiente como órdenes. En Minnesota, siguiendo sugerencias de otros transeúntes acerca de “cómo pertenecer a ese lugar”. En la Avenida de Karl Marx en Berlín, haciendo preguntas de historia y política, etc. Ha sido una herramienta, una forma de meditación, una manera de comunicarme y de encontrarme como parte de un todo. 
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Decido compartir lo que he aprendido de la psicogeografía y del pensamiento alrededor del caminar como práctica estética en un contexto de taller con una comunidad migrante porque ha sido una práctica que me ha ayudado, no solamente a ubicarme en un nuevo territorio, sino también entenderme en contexto mientras voy disfrutando de las pequeñas cosas del camino. 
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Aquí una propuesta que hicimos juntos:

“Psicogeografía: una guía para principiantes basada en la original de  Robert MacFarlane.
En tu mapa desplegado se ha trazado una letra, tú letra inicial, como un primer paso dado a una deriva planificada, un caminar subversivo que escribe, el comienzo de tu nombre. Sal a la calle e inicia tu recorrido respetando lo más posible la línea. 
Ve consignando la experiencia mientras caminas, en el formato que prefieras(…) Busca señales. Edita el flujo de datos. Mantente alerta y encuentra los ritmos visuales, las coincidencias, las analogías, las similitudes familiares, el humor cambiante de las calles, completa la inicial, has comenzado a vivir diferente, pasear produce el contenido, los metros recorridos el metraje. Parte de ti ya se encuentra en ese territorio”
 

En “Recorrido Inicial” caminamos la inicial de nuestro nombre en la ciudad en la que vivimos. Posteriormente enviamos una nota de voz sobre lo ocurrido.

Escucha aqui los resultados


Sobre Psicogeografía, por Marta Rego.

La psicogeografía es una disciplina pariente de la geografía que pone su énfasis en las emociones y comportamientos relacionados con el espacio. Según Guy Debord [Introduction à une critique de la géographie urbaine, 1955], el término psicogeografía se lo inventó un cabilio (un bereber del noreste de Argelia) que estaba intentando dar nombre a una serie de fenómenos que interesaban a los situacionistas a principios de los años 50. La definición que da Debord al término es la siguiente: «La psicogeografía se propone el estudio de las leyes exactas, y de los efectos precisos del medio geográfico, planificados conscientemente o no, que afectan directamente al comportamiento afectivo de los individuos».

No obstante, el primer ideólogo de la psicogeografía no es Debord, sino Ivan Chtcheglov (también conocido como Gilles Ivain), quien en 1953 publica un texto titulado Formulaire pour un urbanisme nouveau. En este texto, Chtcheglov no menciona el término psicogeografía, pero habla de los patrones de comportamiento que se dan en las ciudades y propone una extensión del psicoanálisis en beneficio de la arquitectura.

La psicogeografía tiene su origen en la deriva urbana, en el flâneur, un personaje característico del siglo XIX que se dedica a vagar por la ciudad, observando tanto el paisaje urbano como la gente que lo habita. La figura del flâneur está presente en la obra de muchos escritores de principios del XIX, desde Charles Baudelaire a Robert Walser. Personalmente, algunos de mis textos preferidos de esa época son El paseo, del propio Walser, Caminar de Henry David Thoreau, El hombre de la multitud de Edgar Allan Poe y Confesiones de un inglés comedor de opio de Thomas de Quincey.

La figura del flâneur fue posteriormente teorizada por Walter Benjamin, quien tiene además algún texto psicogeográfico que entraría más dentro de la deriva que del ensayo propiamente dicho. Estoy pensado específicamente en Calle de dirección única.

¿Por qué andar y narrar con la voz?

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El “walkabout” es una palabra intraducible, solo comprensible en el sentido literario de “andar sobre” o “andar alrededor”. Es el sistema de recorridos a través del cual los pueblos de Australia han cartografiado en la totalidad del continente. Cada montaña, cada río y cada pozo pertenecen a un conjunto de historias recorridas que, entrelazándose constantemente forman una única “historia del tiempo del sueño”, que es la historia de los orígenes de la humanidad. Cada recorrido va ligado a un cántico y cada cántico va ligado a una o más historias mitológicas ambientadas en el territorio. 
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A cada vía le corresponde su propio cántico y el conjunto de las vías de los cánticos forma una red de recorridos errático simbólico que atraviesan y describen el espacio como si se tratase de una guía cantada. Es como si el tiempo y la historia fuesen reactualizados una y otra vez al candarlos, al recorrer una y otra vez los lugares y los mitos ligados a ellos en una deambulación musical que es a la vez religiosa y geográfica. 
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Fuente: Walkscapes. Francesco Careri.

Entre el lugar y el lazo: una voz.

Por Margareth Acevedo.

“La morada de los ruidos y sonidos delimita en el espacio una delgada película circular celeste, cuyo espesor es inferior a la centésima parte del radio de la tierra. El conjunto de sonidos propios de los vientos, volcanes, océanos y la vida que surgió en las tierras que emergieron de las aguas es de una diversidad tal que impuso un canto específico a todos los oyentes del mundo. La morada de las voces animales en el mundo es delgada. La morada de las lenguas humanas en el mundo es minúscula”

Pascal Quignard. El odio a la música

El sitio, tiene una relación con el lugar. Pero no es lo mismo. Los sitios están deshabitados de deseos propios, son sustituibles, comparables. Los lugares poseen otra dimensión. Para el que emigra, para aquel que parte de su hogar, desarrolla cierta relación singular con el sitio de llegada. Es una relación de desconcierto, quizás más próxima al desconocimiento.

Es un lugar sin memoria, aún. ¿Cómo construimos nuestros relatos de la infancia, nuestros enamoramientos en los parques, nuestros bullicios y bailes en las reuniones familiares, o nuestros cafés con amigos? Tejemos historias en aquellos espacios que habitamos. Son memorias libidinales. Ahora, frente a un lugar desprovisto de recuerdos, donde llegamos ligeros de equipaje, ¿Qué contamos, y a quién?

En este proyecto denominado “voces en tránsito”, se planteó una propuesta: recorrer un camino sobre la letra de la inicial del nombre propio dibujada sobre un mapa. No solo caminar por las vueltas y las rectas de aquella letra, sino también describir ese recorrido: contar lo que resuena de ese paseo, lo que surge del cuerpo que transita esas calles . ¿Qué surge mientras andamos? Olores, sonidos, imágenes, recuerdos, pensamientos, afectos.

Un modo de erotizar la calle extraña y ajena. Hacerla más cercana, más próxima. Los graffitis, -arte visual callejero- quizás forman parte de este principio. Un modo en que ciertos individuos producen sus propias marcas en los espacios públicos. Un espacio ex-timo se inventa. Al dejar descubierta una marca singular y propia, expuesta al público que transita por la vía pública, se apropia un poco de los lugares. Podríamos pensarlo como aquel amante que traza sobre la piel de su amado, los rastros de su presencia. Dejar un signo que se anduvo por allí.

Entonces ¿En qué consiste esto de apropiarnos de los lugares, de hacerlos parte de nuestra propia historia? . Quizás este ejercicio es un modo de aproximarnos, de contar con nuestra voz, lo que se recorre de nosotros en ese andar. Hacer de nuestra letra una ruta de memorias y deseos. Se trataría entonces de trazar un lazo con los lugares, un lazo singular hecho de fragmentos de la voz: un mapa sonoro. Hacer de un sitio, un buen lugar. Pero para esto, necesitamos un lazo que nos vincule con la vida. Alguien a quien contar.

Margareth Acevedo