Arte contemporáneo y salud mental como bases conceptuales

Provengo de una formación en psicología clínica dinámica, seguida de una formación en artes visuales, especialmente fotografía. Parte de mis problemas de investigación tratan de conciliar ambos mundos, cuestionarlos y hasta expandirlos. He descubierto en la escucha una práctica que funciona como puente entre estos dos mundos, por un lado la escucha terapéutica y por el otro lado, una forma de escucha expandida que se manifiesta en el quehacer artístico.

Propongo entonces abordarla en una comunidad des-localizada, como una experiencia y forma de pensamiento cuyo ejercicio plantea una serie de situaciones a revisar. Entendiendo la palabra “des-localizada” como esa situación que pueda arropar tanto al migrante y al exiliado como al que no es migrante pero se siente extranjero dentro de su propio país (insilio).

El objetivo principal del proyecto es trabajar temas relacionados con la migración pero desde una posición descentrada, la cual se logrará integrando el arte en la conversación.

Una posición descentrada implica trabajar desde la sensibilidad artística de otros artistas como herramienta de diálogo y aprendizaje, integrando obras de arte contemporáneo y autores provenientes de diferentes áreas de las humanidades (Filosofía, Psicoanálisis, Antropología, Literatura etc) para abarcar los temas ampliamente, pero sobretodo, desde la propia experiencia.

Esto significa la propuesta de ejercicios en los cuales esta sensibilidad sea puesta en práctica y compartida en el grupo. El proyecto tiene sus bases conceptuales en el arte y salud mental, por lo que una revisión de textos afines al tema, discusiones y ejercicios conformarán los contenidos de cada sesión. Estos encuentros constan de reuniones virtuales por zoom y la creación de un espacio de trabajo semanal por whatsapp.

Diana Rangel

La escucha como metodología

Mi reciente investigación artística se ha centrado en el tema de la escucha, la escucha como práctica estética y también política. He elegido indagar en esta práctica porque, alejada de la imagen visual, nos coloca en otros modos de percepción sensorial y puede fácilmente transportarnos a otro sitio, ha sido, en mi experiencia, una forma muy potente de estar en el presente contemporáneo. Entendiendo el presente contemporáneo como aquel que está aquí y está allá al mismo tiempo, el multidimensional, el presente diferido.

Según Byung-Chun Han, escuchar significa algo totalmente distinto que intercambiar información. Sin vecindad, sin escucha, no se configura ninguna comunidad. La comunidad es el conjunto de oyentes. En la comunidad del «me gusta» uno solo se encuentra a sí mismo y a quienes son como él. Ahí tampoco resulta posible ningún discurso. El espacio político es un espacio en el que yo me encuentro con otros, hablo con otros y los escucho. ¿Es el espacio del arte un espacio de escucha? ¿Debería serlo?

La escucha tiene, por supuesto, una dimensión política. Es un proceso que será siempre activo, no pasivo. Un actuar que implica (y se implica) en los otros, esto significa que rompe a su vez con una privatización del sufrimiento, una estrategia que pasa por alto que el sufrimiento al ser alejado de su socialización, aumenta en escala y gravedad.

Por último la dimensión del tiempo es esencial en la investigación de este proyecto, ya que parte de las características esenciales de la persona que escucha es su entrega y disposición a un tiempo para escuchar, que denominamos “el tiempo del otro”. En el tiempo del otro todo acontece, acontece el vaciamiento de quien escucha y a la vez, el hablante se encuentra en esa caja de resonancia. La escucha propone un nuevo espacio para estar, y ese espacio se conforma como resistencia al distanciamiento que hoy en día vivimos, como seres humanos en pandemia y también como Venezolanos fuera de nuestras fronteras.

Diana Rangel

Contexto y preguntas

La pandemia ha potenciando un mundo virtual de distancias y acercamientos, a nivel general ha afincado una sociedad mediática dirigida a alimentar nuestros egos, una cultura del “me gusta” que busca aislarnos de toda posibilidad de sufrimiento, de contrastes, de vulnerabilidad, que rechaza por completo aquello diferente ya que, su naturaleza es una pasividad constante y neutra, que permite que la rapidez fluya en la superficialidad.

Sin embargo también ha roto las fronteras para muchos, generando posibilidades de encuentro, de intercambios, personas que se encontraban aisladas ahora tienen más posibilidades de interacción con otros, de educación y acceso a procesos de aprendizaje, pero, ¿De qué manera estamos llevando a cabo ese intercambio? ¿Deberíamos detenernos a evaluar las formas y contenidos de aquello que está reemplazando nuestra presencia?

Para la gran mayoría este reemplazo de la presencia en procesos de comunicación, educación, trabajo y reuniones familiares ha afectado considerablemente la vida cotidiana. ¿Estamos realmente presentes en cada una de las reuniones a través de Zoom que hacemos durante el día? En muchas ocasiones nuestra imagen visual refleja que sí, que ahí estamos, pero realmente estamos en otro lugar, hablando por algún chat, escribiendo notas personales en un cuaderno o simplemente se apaga la cámara para cocinar la cena. Este panorama nos ha colocado a todos a repensar nuestra presencia en estos ambientes.

El “estar presente” se ha expandido a otros medios, en recientes experiencias de arte y educación que he llevado a cabo en ambientes virtuales he podido experimentar cómo diversas acciones se han convertido en los elementos principales de la presencia expandida en medios virtuales. Un buen ejemplo es la palabra escrita, el texto, la frase escrita como imagen afectiva, como herramienta de resistencia frente a la imposibilidad de tocarnos es una dimensión epistolar, estética y conceptualmente potente. Pero, ¿cómo pensar el común? ¿cómo generar juntos la resistencia al distanciamiento? Siento necesario ir cuestionando el “maintream” y retomando, cultivando, reinventando los ritos y nuestras pequeñas resistencias individuales para descubrirlas en común con el otro y si esos otros se unen a ese ritual, ya se suman a formar parte de la resistencia.

nace Voz en Tránsito

Transitar por el mundo no es un acto silencioso, aunque muchas veces el migrante se sienta silenciado, o sin voz, está sin quererlo inmerso en una aventura llena de sonidos, músicas, acentos, ecos y susurros. Según Byung-Chul Han, escuchar significa algo totalmente distinto que intercambiar información. Sin vecindad, sin escucha, no se configura ninguna comunidad. La comunidad es el conjunto de oyentes. La escucha, alejada de la imagen visual, nos coloca en otros modos de percepción sensorial y puede fácilmente transportarnos a otro sitio, ha sido, en mi experiencia, una forma muy potente de estar en el presente contemporáneo. Entendiendo el presente contemporáneo como aquel que está aquí y está allá al mismo tiempo, el multidimensional, el presente diferido. Propongo abordar la idea de comunidad y de espacio-tiempo a través de un dispositivo de intercambio audiovisual. 

Voz en tránsito nace con el diseño de un espacio virtual en el que los participantes intercambiaremos contenidos audiovisuales de los lugares en los que estamos viviendo. Constará de mesas de trabajo a través de whatsapp y encuentros virtuales en donde intercambiaremos información de forma experimental (revisión de textos relevantes, tareas audiovisuales de recorridos y ejercicios de psico-geografía) para generar un resultado final en conjunto. Entre las propuestas finales se plantea la elaboración de una plataforma que acoja posibles paisajes sonoros urbanos, cápsulas sonoras de acompañamiento y un video-ensayo documental colaborativo. 

Voz en tránsito es un proyecto artístico de la artista Diana Rangel conformado en alianza con el proyecto Voces Migrantes, un proyecto dedicado a la migración que funciona desde el 2018 en tres países: Perú, Argentina y Ecuador. Tiene sus bases conceptuales en las artes visuales y la psicología, por lo que una revisión de textos afines al tema y discusiones conformará los contenidos de cada sesión. Está dirigido a cualquier persona interesada en explorar su proceso migratorio desde esas áreas.